Herramientas prácticas para identificar la inmadurez neuromotora en el salón de clases e implementar un programa de movimiento de 10 minutos diarios que mejora la disposición al aprendizaje de todo el grupo.
Muchos niños que tienen dificultades en el salón — con la atención, la conducta, la lectura o la coordinación — no tienen un problema de aprendizaje en el sentido tradicional. Están experimentando los efectos de la inmadurez neuromotora: la persistencia de reflejos primitivos que deberían haberse integrado en los primeros años de vida.
Cuando esos reflejos siguen activos, pueden interferir con la postura, el equilibrio, el control motor fino y la capacidad del cerebro para procesar y retener información. El resultado es un niño que se esfuerza — y sigue encontrando la escuela innecesariamente difícil.
Los resultados del programa INPP para escuelas están documentados en múltiples estudios. Los niños que completaron el programa mostraron una mejora seis veces mayor en indicadores neuromotores comparados con el grupo de control.
Mejora en rastreo visual, decodificación y precisión lectora. La escritura se vuelve menos esforzada y más legible.
Los reflejos posturales maduran. Los niños se mueven con más control y pueden sentarse quietos por más tiempo.
Cuando el sistema nervioso no administra reflejos no integrados, libera recursos para el aprendizaje.
Los reflejos primitivos están ligados a la respuesta al estrés. Su integración genera un sistema nervioso más calmado.
Los niños que han luchado con el aprendizaje muestran un cambio notable en actitud y disposición escolar.
El programa es grupal. No requiere identificar a ningún niño individualmente — todos se benefician.
El programa requiere una inversión mínima de tiempo y recursos. Lo más importante es la constancia.
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